PREVENCIÓN EN LA ADOLESCENCIA

Cuatro claves para prevenir desastres emocionales en adolescentes

Cuando llega la adolescencia, en su plena efervescencia de pasión y avidez, por un lado para la mayoría de padres y madres, puede resultar la fase menos fácil a tratar, menos fácil para lidiar con sus hijas/os. Paralelamente, es la vivencia misma de las/os adolescentes, que puede ser el mejor o peor momento de su vida mientras la están atravesando, con todos los ingredientes  biopsicosociales.

Para muchos padres y madres, suele ser un punto crítico, algunas veces desesperante, al no verse con las herramientas adecuadas para afrontar y acompañar a esos seres que hasta hace poco se van quedando como el recuerdo de fotografías de caritas preciosas y angelicales. Esos hermosos seres se van transformando tan rápido que no alcanzan a encontrar el punto de intersección, de encuentro, y ni con magia suelen “adivinar” lo que sus adolescentes quieren o necesitan. Sin darse cuenta, algunas veces al intentar intervenir para apoyarles, los orillan al otro lado de la razón, al lado del rechazo al alejamiento y la confusión.

Un punto clave a revisar y tomar en cuenta para facilitar y prevenir desastres emocionales y no abrir heridas, tanto para los unos como para los otros, es tratar de abrir cuatro “Canales de comunicación”:

 

  • Atención plena en la expresión de las y los adolescentes.
  • Descifrar qué hay en los cimientos de sus conductas.
  • Acompañar y validar los procesos de frustración.
  • Congruencia con las normas / límites familiares.

 

  1. Atención plena en la expresión

Cada expresión emite un tipo de información, como padres y madres es nuestra responsabilidad tener un campo receptivo abierto y tenemos que estar atentos a lo que trasmiten y cuáles son sus necesidades básicas a cubrir y sus funciones vitales, tenemos las  emociones, sensaciones, alegría, placer, curiosidad, aislamiento, miedo, angustia, frustración…

El tipo y la forma de alimentación, la ropa, móviles, videojuegos, acceso a las redes sociales. Es importante tener en cuenta, qué modelo de construcción social es la que les hemos heredado, si ha sido impuesta por elección nuestra, o les hemos respetado su ritmo y sus procesos de forma natural, ese es un punto que siempre tenemos que reflexionar, antes de reaccionar ante sus conductas que no entendemos.

 

  1. Descifrar qué hay en los cimientos de sus conductas.

Si lo que trasmite es evitación, rechazo, acercamiento excesivo por miedo, destructividad, dependencia, sumisión. La asignatura para los padres y madres será indagar en dónde está anclado el bloqueo, desde cuándo, desde dónde, cuál es la función de su reacción, y desde allí acompañar concientemente.

 

  1. Acompañar y validar los procesos de frustración.

El acompañamiento podrá ser más complejo que el de la infancia, pero necesario en todos los casos, pues tenemos que asegurarnos que ellos están recibiendo la comprensión de nuestra parte, que los reconocemos como seres autónomos, ya dueños de sus miedos y angustias, de sus éxitos y frustraciones, y desde allí contenerlos, sostener sus frustraciones y “estar” a su lado en entrega absoluta, lo que les va a permitir en el futuro mantener una red de confianza, de autorregulación y resiliencia frente a relaciones destructivas.

 

  1. Congruencia con las normas / límites familiares.

Si durante su infancia había que repetir una y otra vez las normas de casa, ya en esta fase, la clave está en no ser rígidos, pero sí rigurosos, puesto que su estructura de carácter ya se ha cimentado (aunque no por ello definitiva), ahora hay que darle mantenimiento continuo, para prevenir el deterioro emocional y vincular entre los miembros del sistema familiar (sea cual sea la estructura). Ser flexibles no significa ceder en todo, es llegar a acuerdos claros respetuosos y libres. Sabiendo que siempre hay una repercusión congruente con el compromiso social.

 

Con estas breves claves, sólo pretendemos dar pistas, para obtener resultados óptimos para las y los adolescentes. Sin embargo, en esta fase de la vida, no podemos hablar de generalidades, ni de resultados cien por ciento seguros, que sean acordes con nuestras expectativas como madres y padres, siempre es óptimo tener un grupo de referencia con profesionales cualificados, o sesiones puntuales a nivel individual.

 

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