Un adecuado Psicoterapéuta

Ser psicoterapeuta en el siglo XXI

Palabras clave: Psicoterapia, sociedad, depresión, ética.

Nuestra sociedad actual, compleja en sí misma, cámbiate, distante de los propios cuerpos y las emociones, inundada por artilugios tecnológicos, relaciones cibernéticas, casi etéricas, invadida en su intimidad por las redes sociales, a la vez que deseosa de ser mirada por el mundo. Entre estos escombros de desiertos emocionales, encontramos hombres y mujeres de este siglo aún en la fase oral, ávidos de conocimiento, en busca de una consciencia, de encontrar la esencia de su verdadero ser.

La labor de ser psicoterapeuta en este ininteligible siglo no es nada fácil, las psicopatologías se van acentuando y evolucionando como plaga emocional diría Wilhelm Reich (pionero en la investigación científica sobre la sexualidad, propulsor de intervenciones preventivas de psicopatologías y biopatías).

Vivimos en una sociedad distresada, impregnada de violencia allá donde vayamos, inmersos en el resultado de ambientes de sistemas rígidos y acorazados, que nos afectan directamente.

Intervención psicoterapéutica

Ante la decadencia de valores en las relaciones humanas, las personas que llegan a nuestra consulta con depresión, tristeza, desanimadas, sin autoestima, apáticas, casi vacías de energía vital, no son más que el resultado del malestar en la cultura diría Sigmund Freud. En el diván reichiano,nos encontramos con personas desempleadas, agotadas de la inestabilidad económica, con miedos, con prejuicios, intolerantes con los congéneres, colmados de evidentes trastornos psicosomáticos, acompañados de sus respectivas inflamaciones silenciosas, o alteraciones sexuales.

Los sistemas educativos decadentes, nos muestran profesores, madres y padres acorazados, rígidos, inaccesibles, por lo que no hace falta adivinar la proliferación de hijas e hijos neuróticos, futuro de nuestra sociedad.

En la práctica psicoterapéutica, vemos que estamos inmersos en una regresión a las defensas agresivas, ya no como mecanismo regulador, sino como caracteres impulsivos, contaminados emocionalmente, estructuras borderline en una palabra. Son todas ellas sintomatologías contemporáneas que han creado un marcado desequilibrio biopsicosocial.

En medio de tan vertiginosos avances tecnológicos, de la ciencia y las redes sociales, se considera importante la formación continua como factor fundamental para la práctica psicoterapéutica.

Hoy más que nunca, la intervención de la psicoterapia se tiene que ver provista del apoyo de profesionales de disciplinas convergentes. Esta es la tarea de quienes nos dedicamos a esta hermosa y no fácil labor. De profundizar en el abordaje del deterioro emocional humano, a investigar y profundizar, a vislumbrar la importancia de preparación personal y profesional.

Parece increíble que aún existan temas que siguen siendo soterrados y llevados a zonas restringidas, temas disfrazados de doble moral, ya sea sobre política, educación encubierta, la miseria sexo-afectiva o la muerte, como algo ajeno al ser humano, anhelante de una inmortalidad vacía.

Psicoterapia reichiana, un enfoque biopsicosocial.

Se trata de un enfoque siempre vanguardista que se nutre y complementa de las aportaciones contemporáneas en la investigación psicoterapéutica y las neurociencias, todo ello con una visión bio-psico-social integrativa. Con bio, hacemos referencia a los procesos del organismo humano, también llamados somáticos o corporales, que devienen de experiencias previas, de respuestas y reacciones necesarias para la sobrevivencia. Con psico, nos referimos a los procesos mentales que definen las cualidades del ser. Finalmente, con lo social analizamos la influencia del entorno donde se desarrolla el sujeto y cómo afecta en su conducta. Observamos las funciones y analizamos las disfunciones, acompañamos los procesos de acuerdo a los ritmos propios del paciente y asignamos pautas claras.

La psicoterapia reichiana es sobre todo, un proceso que se centra en la relación terapéutica y las reacciones espontáneas del cuerpo, órganos y músculos que expresan su propio lenguaje y sus posturas.

¿Quién podría ser un buen psicoterapeuta en el siglo XXI?

De entrada, podría ser una persona que sepa vivir, que siempre este en constante movimiento, que evolucione en sí misma, que se reconozca con sus luces y sus sombras, que se sepa escuchar activamente a sí misma. Tiene que ser primero paciente. En palabras de G. Guasch:

Sólo la experiencia personal puede dar la necesaria profundidad de conocimientos, así que para hacerse analista reichiano la primera necesidad es que el candidato pase él mismo por el análisis. (G. Guasch, Quand le corps parle, 2002).

Como psicoterapeuta, tengo que reconocer que vivimos en un siglo que va a una velocidad vertiginosa, que se mueve en una sociedad donde impera la competitividad, el individualismo y prepotencia, pero también hay que reconocer que existe un deseo de empoderamiento de los individuos y los grupos minoritarios, cada vez más, se crean redes de apoyo mutuo que apuestan por la colectividad, por opciones preventivas en la salud, educación, alimentación y tratando fortalecer relaciones constructivas.

Ser psicoterapeuta en este siglo, resulta interesante, pues ante esta vorágine crítica, también surge una necesidad de ciertas personas que se manifiestan en busca de armonía y tranquilidad. Nuestra labor como artesanos de la psicoterapia, es dar un adecuado mantenimiento para asegurar un buen refugio interior, para ayudar a encontrar la esencia del verdadero ser.

Aldea El Collado, Sierra de Aracena y Picos de Aroche, España

Febrero 2017

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